lunes, 10 de octubre de 2016

Max Estrella comenzará leyendo "El ultimo adiós " de Kate Morton

A Kate Morton le gustan los secretos. Ellos son la materia prima con los que ha construido una meteórica y exitosa trayectoria literaria, lo que traducido en cifras significa diez millones de ejemplares vendidos en 38 países, millón y medio en España. El 19 de noviembre de 2015 llegó a las librerías españolas El último adiós, el culmen de sus cuatro novelas anteriores: El jardín olvidado (Plaza y Janés), La casa de Riverton, Las horas distantes y El cumpleaños secreto. 
En El último adiós también hay secretos familiares, y una estrecha relación entre el ayer y el hoy. La escritora australiana pinta en su quinta novela, con un estilo gótico contemporáneo, una historia que combina romance y misterio orquestada por personajes pintorescos. El otro ingrediente de su fórmula de éxito es Inglaterra. Siempre Inglaterra. Una pasión que la novelista arrastra desde su infancia, marcada por la obra de los mejores escritores del país anglosajón, como Dickens, las hermanas Brönte o Jane Austen.
Una fatídica noche de 1933 un niño desaparece sin dejar rastro en el transcurso de una elegante fiesta en una casa de campo de la campiña inglesa. Setenta años más tarde, una inspectora de policía londinense se topa por casualidad con una mansión abandonada que llama poderosamente su atención y que le hace tener una intuición: algo terrible ocurrió allí.
El boca a boca convirtió en superventas a esta australiana de 41 años. Las historias de Morton discurren en diferentes décadas del siglo XX y están protagonizadas siempre por mujeres, pero han conseguido atrapar a un público heterogéneo.
Su primera novela, La casa de Riverton, se convirtió en un fenómeno editorial que alcanzó el número uno en muchos de los países donde se publicó y los dos millones de ejemplares vendidos. La siguiente obra, El jardín olvidado, duplicó las ventas. Su tercera y cuarta novela, Las horas distantes y El cumpleaños secreto se convirtieron igualmente en best sellers.

Fuente: www.elpais.com 17/11/2015

Bienvenidos al curso 2016/2017

Bienvenidos al curso 2016/2017.

Este año, como novedad, compartiremos el blog con otro grupo de lectura, el club de lectura del miércoles a las 9:30h.
En este nuevo periodo que comenzamos, cada grupo de lectura recibe un nombre de uno de los personajes de la obra "Luces de Bohemia" de Valle Inclán, léida el curso anterior por los clubes de lectura municipales. Es por ello que este blog será utilizado por el club "Maz Estrella" del jueves y por el club "Zaratustra" del miércoles.


Deseando comenzar el curso y que esta nueva experiencia sea aun más enriquecedora , os saluda vuestra monitoria,Isabel Luque.

miércoles, 13 de julio de 2016

Rinconete y Cortadillo, una novela ejemplar "andaluza" de Cervantes para el club del verano.


RINCONETE Y CORTADILLO, UNA NOVELA EJEMPLAR “ANDALUZA” DE CERVANTES
por R. Navarro Durán

Un día de verano dos muchachos, “muy descosidos, rotos y maltratados”, se encuentran en una venta al sur de la provincia de Ciudad Real; tienen entre catorce y dieciséis años y se dirigen a la misma ciudad: Sevilla.
Así comienza Miguel de Cervantes la novela Rinconete y Cortadillo. Francisco Porras de la Cámara, racionero de la catedral de Sevilla, lo copiaría hacia 1604-1605, junto con El celoso extremeño, otra de las Novelas ejemplares“sevillana”, para que el cardenal arzobispo de la ciudad, don Fernando Niño de Guevara se divirtiera. Más tarde Cervantes introduciría cambios en ambos relatos, suavizando pasajes y quitando precisiones, como el año del encuentro de los protagonistas, 1569, o el nombre de la aldea de Cortado, Mollorido.
Vista de Sevilla. Anónimo español. Museo Nacional del Prado.
La novela estaba en “una maletilla vieja, cerrada con una cadenilla” que guardaba el ventero de la primera parte del Quijote: alguien la dejó olvidada en la venta de Juan Palomeque el Zurdo. En ella hay “unos papeles de muy buena letra, escritos a mano”, pero lo escrito será otra novela, El curioso impertinente, que lee el cura y todos escuchan; en uno de los forros de la maleta está La Novela de Rinconete y Cortadillo, que el ventero da al cura cuando se marcha. Como no se lee en la venta, no forma parte del Quijote, pero su fecha, la de 1605 pone límite final al periodo en que Cervantes la pudo escribir; del mismo modo que la de 1599, en que se imprime el Guzmán de Alfarache, será la que marca su comienzo. Rincón y Cortado le deben mucho al Pícaro por excelencia, a Guzmán. Esta novela se imprimió junto con las otras once Novelas ejemplares en Madrid, por Juan de la Cuesta, en 1613.

“Francisco Porras de la Cámara, racionero de la catedral de Sevilla, copiaría Rinconete y Cortadillo hacia 1604-1605, para que el cardenal arzobispo de la ciudad, don Fernando Niño de Guevara se divirtiera”.

El encuentro de los dos pícaros
Niños comiendo uvas y melón. Bartolomé Esteban Murillo. Alte Pinakotek,  Munich.Pedro del Rincón y Diego Cortado se sientan uno frente al otro a la hora de la siesta en un cobertizo delante de la venta del Molinillo y allí se darán sus señas de identidad. Nada dirán de su vida anterior, sólo el oficio de su padre y poco más, pero sí hablarán de sus dos habilidades: el robo y el juego. Rincón y Cortado son ladronzuelos y tahúres, “pícaros”; juntarán sus fuerzas y mañas y sellarán su amistad con un abrazo. Rincón, que es el mayor, para animar a su compañero a sincerarse, le cuenta su vida al modo que el lector reconocerá muy bien, con la fórmula del comienzo de la autobiografía picaresca: “Yo, señor hidalgo, soy natural de la Fuenfrida […]. Mi nombre es Pedro del Rincón. Mi persona es de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada: quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo”. Luego le hablará de su “oficio”, cuyo instrumento son los naipes; ya había anotado su presencia el narrador al hacer su retrato. Le anima a colaborar con él para armar la red y que caiga algún pájaro; como le aclara: “quiero decir que jugaremos los dos a la veintiuna como si fuese de veras”, para conseguir un tercero, que será el que pierda el dinero.
La primera víctima de su alianza es un arriero que se hospedaba en la venta; los ve jugar a las cartas, los ve muchachos y cree que será fácil ganarles. Va a acabar desplumado, y así quedarán patentes las habilidades de los que van a ser inseparables ya: Rincón y Cortado.
Emprenderán su viaje hacia su meta, Sevilla, y lo harán cómodamente gracias al ofrecimiento de unos caminantes a caballo. El lector sabe que sigue leyendo un relato picaresco porque la geografía es real, ellos van caminando y ensartan así encuentros en esta primera etapa itinerante, y, sobre todo, son ambos ladronzuelos y jugadores de ventaja. Lo que sucede es que el pícaro no está aquí solo; son dos, y así podrán ser cómplices y dialogar; el arte cervantino sabe mezclar con maestría ingredientes novelescos, y sabe además diferenciar las dos voces, los dos personajes. Rincón, un poco mayor, es hijo de buldero (y nos lleva al tratado quinto del Lazarillo) y sabe leer, mientras que Cortado, hijo de sastre, no. Aquel es especialista en juegos de cartas, y este, en pequeños hurtos. La novela comienza con su encuentro.

Sevilla, ciudad abierta
Portada de Rinconete y Cortadillo de la primera edición de Novelas ejemplares, Madrid, 1613.En la primera parte del Quijote, que debió de componer Cervantes a la par que esta novela, las mozas de partido que están a la puerta de la primera venta donde se aloja don Quijote se dirigen a Sevilla. También lo hará una señora vizcaína para reunirse con su marido que iba a las Indias; y Vivaldo y su compañero, después de participar en las exequias de Grisóstomo le rogará a don Quijote que se fuera con ellos a Sevilla “por ser lugar tan acomodado a hallar aventuras, que en cada calle y tras cada esquina se ofrecen más que en otro alguno”; pero Don Quijote tiene pendiente despejar aquellas sierras de ladrones malandrines y no quiere ni debe –dice– acompañarles.
Allá se dirigen los dos pícaros no sin antes robar Cortado “dos camisas buenas, un reloj de sol y un librillo de memoria” de la valija de uno de los viajeros, un francés. Su venta les permitirá adquirir los instrumentos de su primer oficio, las esportillas. En su ejercicio, en la plaza de San Salvador, descubrirán que en su admirada ciudad el robar no es libre.

“El pícaro no está aquí solo, son dos y así podrán ser cómplices y dialogar, el arte cervantino mezcla con maestría ingredientes novelescos y diferencia las dos voces”.

Antes han recorrido y admirado la ciudad. Verán en el río seis galeras, y temen “el día que sus culpas les habían de traer a morar en ella de por vida”; se proyecta en ese temor la sombra de Guzmán de Alfarache, que escribe desde ellas. Y lo primero que hacen, al ejercer su oficio, nos indica que no van desencaminados, porque Cortado robará a uno que parece estudiante y será sacristán, una bolsa con dinero “sagrado y bendito” porque lo había cobrado para un capellán, amigo suyo; y enredándole con la palabra, rematará la faena robándole un pañuelo. Nadie duda del oficio liberal….de manos que tiene Cortado. Esa bolsa va a reaparecer más adelante, y así comprobaremos que en Sevilla no se pierde nada.
Vista de Sevilla. Anónimo. Colección El Monte, Sevilla.
Otro mozo de esportilla habrá observado la actuación de los dos muchachos, se les acercará y en un lenguaje que no entienden –es germanía o jerga de rufianes– les preguntará si son ladrones y si han pasado por la aduana del señor Monipodio. En ese momento, Rincón y Cortado “descubren” la verdadera Sevilla y ven que no es plaza libre. Seguirán a su guía y llegarán al centro de la organización del hampa sevillana, el patio de Monipodio. A partir de entonces, ya no actúan casi, observan, ven, anotan; pasan a ser el marco que encuadra la realidad que le interesa pintar a Cervantes: la cofradía de Monipodio.

Escenas en el patio de Monipodio
Su destino será una casa de muy mala apariencia; nada hace sospechar por fuera que en su patio se organiza el mal vivir en la ciudad. Ya en él, Rincón y Cortado, en espera silenciosa, observan lo que hay en él y la gente que va llegando. Rincón se atreve a entrar en una sala baja, y en ella verá dos espadas de esgrima, y delante una imagen de la Virgen, con su esportilla para limosnas y su aljofaina con agua bendita; queda así resumido el comportamiento de la devota cofradía, de la “virtuosa compañía”. Van entrando en el patio estudiantes, mozos de la esportilla, un ciego, dos viejos con grandes rosarios, una devota vieja, dos bravos…, hasta catorce personas de “diferentes trajes y oficios”; hasta que baja el esperado señor Monipodio, “de edad de cuarenta y cinco a cuarenta y seis años, alto de cuerpo, moreno de rostro, cejijunto, barbinegro y muy espeso”. El retrato de la espantosa figura del jefe del hampa desemboca en la presentación de los dos recién llegados, que, tras ser examinados, quedan admitidos en la cofradía con los nombres de Rinconete y Cortadillo. Callarán patria y padres, y hablarán sólo de lo que importa: sus habilidades, es decir, las trampas en el juego, el arte de robar; quedarán dispensados del año de noviciado por sus tan satisfactorias respuestas.

“Rincón y Cortado «descubren» la verdadera Sevilla y ven que no es plaza libre, el centro de la organización del hampa sevillana es el patio de Monipodio, la realidad que le interesa pintar a Cervantes”.

Rinconete y Cortadillo. Grabado de la edición de Novelas exemplares impresa en Madrid por Antonio Sancha en 1783.Enseguida actuarán como cofrades porque el centinela anuncia la presencia de un alguacil, amigo de Monipodio, que viene a reclamar la bolsa robada al sacristán, de la que nada sabe la santa cofradía. Rinconete y Cortadillo darán muestra de su fidelidad devolviéndola junto al pañuelo robado; así acabará la intervención de los dos pícaros. Se ha puesto de manifiesto el control que de todo robo tiene Monipodio y también el perfecto funcionamiento de la compañía: el alguacil les encubre, y ellos quieren suponer que los santos los protegen.
Cambiará la escena, porque van a entrar dos prostitutas, parejas de dos de los rufianes, con una canasta llena de comida y bebida. Va a dar comienzo al banquete de la canasta porque todos se sentaran a la redonda de una estera, en donde ponen el contenido. Una vieja devota, la señora Pipota, que había ido a rezar sus oraciones y a dar cuenta a Monipodio de que en su casa habían depositado unos rufianes de la cofradía otra cesta parecida, mostrará lo bien que sabe beber sin abandonar sus invocaciones santísimas; se marchará para cumplir encargos santos de las devotas prostitutas. Unos golpes a la puerta interrumpirán el almuerzo, pero serán sólo del centinela que anuncia la llegada de otro personaje, Juliana la Cariharta, “desgreñada y llorosa”, apaleada por su rufián, Repolido.

El entremés de la Cariharta
Va a empezar ahora una pequeña pieza teatral, un entremés; sus personajes son rufianes y prostitutas, y tendrá incluso su final de fiesta. La ramera maltratada por su chulo porque no le ha dado el dinero que él creía que había ganado no podía en ese momento ser protagonista de una escena dramática, sino cómica. Todos la calman y consuelan, y la Cariharta se incorpora al banquete. Se marcharán los viejos avispones, ojeadores de ocasiones y de robos; pero uno de ellos reaparecerá al final con datos que indican su “trabajo”. No tardará en llamar a la puerta el personaje que faltaba: el Repolido, el rufián. La extrema sensibilidad del personaje ante lo que él interpreta risas a su costa de Chiquiznaque y Maniferro, otros dos rufianes, está a punto de desembocar en batalla campal; pero ahí está Monipodio para imponer la paz entre sus hombres. Todo acabará bien: se darán las manos como amigos, y la Cariharta aceptará las excusas de su chulo. El baile, con coplas alusivas al episodio, se llevará con música de chapín, un plato roto y una escoba. Un nuevo aviso del centinela pondrá fin de forma súbita al jolgorio; pero es una falsa alarma porque el alcalde de la justicia con “dos corchetes neutrales” pasan de largo.

“El final es abierto, como caracteriza al relato picaresco, y añade la ejemplaridad que justifica la compilación de las novelas: «podrán servir de ejemplo y aviso a los que las leyeren»”.

El libro de memoria de Monipodio
Se sosiega “aquella compañía y buena gente”, como dice irónicamente el narrador, y aparece en la puerta un nuevo personaje que sirve de entrada a otro asunto: los trabajos de encargo que lleva a cabo la cofradía. Viene a reclamar, porque la cuchillada por la que pagó un adelanto no se ha dado; la explicación de Chiquiznaque, el encargado de darla, subraya el dominio de la ironía de Cervantes: la cara del que debía haber sido la víctima era pequeña y no permitía una cuchillada “de a catorce”, y el rufián se la había dado a su lacayo. El caballero, no conforme, no está dispuesto a pagar lo que queda pendiente; y cuando parecía que de nuevo iba a empezar un peligroso conflicto, se avienen las dos partes con la promesa de una cuchillada a la medida de la cara del mercader y el pago del nuevo encargo.
Dos hombres sentados. Diego Velázquez.
Es un caso que ilustra el contenido del libro de memoria de Monipodio, que va a leer Rinconete porque el jefe del hampa no sabe. Ahí están los encargos del “trabajo” que la cofradía lleva a cabo. Tras la lectura de lo hecho y por hacer, viene la atribución a Rinconete y Cortadillo de espacio en la ciudad para su actuación; ellos figurarán ya con su especialidad en la lista de cofrades: “Rinconete, floreo; Cortadillo, bajón”, o lo que es lo mismo, tahúr y ladrón, respectivamente. Un abrazo y una bendición de Monipodio cierra el capítulo; Ganchoso, su guía, les acompañará a sus puestos.

Final ejemplar
Los dos amigos quedan “admirados de lo que habían visto”; pero será Rinconete quien cerrará la novela con sus reflexiones, del mismo modo que él fue también quien la comenzó con el relato de su vida. Como es hijo de buldero y sabe leer, comenta para sí y se ríe del uso de la lengua de los rufianes y sus deturpaciones, de la mezcla asombrosa de delito y devoción de la cofradía. Cervantes ironiza de esta manera sobre la práctica externa y vacía de una devoción religiosa, como había denunciado el erasmismo.

“La Casa de Contratación había convertido Sevilla en el emporio comercial de aquel tiempo y, por tanto, en el centro de todo trasiego –bueno y malo– de negocio”.

Se resume a modo de recuerdo del personaje lo vivido: la Cariharta y lo que decía del Repolido, las devociones de la vieja Pipota, que guardaba en su casa una canasta robada, la obediencia y respeto que todos tenían a Monipodio, lo que había leído en su libro de memoria…Y llega a la conclusión de “cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla”. Incluso hace el buen propósito de decir a su compañero que debían dejar cuanto antes “aquella vida tan perdida y tan mala”. 
Retrato de Miguel de Cervantes, por Enrique Gómez Polo(1841-1911).
El narrador, sin embargo, señala que pasaron unos cuantos meses hasta el cumplimiento de este buen propósito, “en los cuales le sucedieron cosas que piden más luenga escritura”, y deja para otra ocasión “contar su vida y milagros, con los de su maestro Monipodio, y otros sucesos de aquéllos de la infame academia”. Es un final abierto, como caracteriza al relato picaresco; y añade la ejemplaridad que justifica la compilación de las novelas: “podrán servir de ejemplo y aviso a los que las leyeren”. En la primera versión de la obra, se decía que se contaría “en otra parte, la vida, muerte y milagros” de los dos muchachos en la impresa; la supresión de la palabra “muerte” reduce a una medida proporcionada a lo narrado esa materia supuestamente por contar y además se sitúa dentro de lo preceptivo porque los pícaros no mueren ya que son ellos los que cuentan su autobiografía; aunque en este caso, Cervantes no utilice esa fórmula narrativa, el relato en primera persona, sí quiso, con su labor de lima, mantener a los personajes dentro del esquema del género.

El escenario del relato: Sevilla
Sevilla es el destino de los dos mozalbetes pícaros; la Casa de Contratación había convertido la ciudad en el emporio comercial de aquel tiempo y, por tanto, en el centro de todo trasiego –bueno y malo– de negocio. En la ciudad se acaba su viaje y su breve itinerancia; van a entrar por la puerta de la Aduana. Venderán el robo de las camisas en el baratillo que se hacía fuera de la puerta del Arenal. Luego irán a ver la ciudad.
Quedarán admirados de la suntuosidad de su catedral –la iglesia mayor– y de la gran cantidad de gente que había en el río porque era tiempo en que se cargaba la flota para las Américas; hay en él nada menos que seis galeras.
Entrada al Patio de los Naranjos en la Catedral de Sevilla. Grabado de Pablo Alabern.Llegará el momento de ponerse a la labor, y su mentor será “un muchacho asturiano”, porque no son los únicos chavales que acuden a Sevilla a ganarse la vida como pueden. No está sujeto a señor, aunque sea de la estirpe de los mozos de muchos amos, porque ha descubierto el oficio de esportillero, que le permite comer, beber en los bodegones de la ciudad y ser libre. Les dirá los puestos adonde acudir para ejercer tal oficio: “por las mañanas, a la Carnicería y a la plaza de San Salvador; los días de pescado, a la Pescadería y a la Costanilla; todas las tardes, al río; los jueves, a la Feria”. Esos son lugares en donde se requiere transporte de mercancías, esportilleros, los “mensajeros” de entonces.
Elegirán la plaza de San Salvador, y allá empiezan los dos a ejercer su oficio; Rincón tendrá como cliente a un soldado, y Cortado, a un supuesto estudiante. Pero él no se resiste a ejercer también su arte, y al robar la bolsa del que resultará ser un sacristán, topará con la iglesia y, sobre todo, con el hampa. La escena culminará con el robo de un pañuelo al desesperado sacristán en las Gradas, en la misma entrada de la catedral. La pregunta que les hace otro mozo de la esportilla en lenguaje de germanía pone fin a su vida callejera libre, porque, si son ladrones, hay que pertenecer a la cofradía de Monipodio.

“Sevilla es el espacio que da apariencia de «realidad» a lo contado, a cambio, el relato cervantino le da a la espléndida ciudad la inmortalidad literaria”.

El camino por las calles sevillanas hasta el patio donde ser reúne les servirá para el aprendizaje de los términos de germanía esenciales. Llegan a una casa de muy mala apariencia y entran en el pequeño patio ladrillado limpísimo. Estamos ya en un patio sevillano, y también en el corazón de la organización del hampa. Todo va a suceder ahora en él, o en una sala contigua. Los golpes a la puerta marcan la sucesión de escenas. Fuera están el peligro para tan santa cofradía y las devociones. La vieja Pipota tiene que ir a poner candelitas a Nuestra Señora de las Aguas y al Santo Crucifijo de Santo Agustín; y la Gananciosa le pide que le ponga a San Miguel, a San Blas,–a los que ella llama sus abogados– y a Santa Lucía.
La apaleada Cariharta dirá el lugar en donde sufrió el castigo de su chulo: detrás de la Huerta del Rey, en unos olivares. Los viejos “avispones” u ojeadores irán a la Casa de la Contratación y a la Casa de la Moneda para seguir a los que sacaban dinero y ver dónde lo llevaban. El mismo libro de memoria de Monipodio nos da otro lugar de Sevilla: entre las víctimas hay un bodegonero de la Alfalfa. Y, por último, la zona que Monipodio asigna a Rinconete y Cortadillo comprende “desde la Torre del Oro, por defuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar”.
Sevilla es el espacio que da apariencia de “realidad” a lo contado; a cambio, el relato cervantino le da a las espléndida ciudad la inmortalidad literaria.

Fuente: www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/

miércoles, 30 de marzo de 2016

"El maestro del Prado" de Javier Sierra será el protagonista del club en abril.




Gracias a las enseñanzas de un misterioso sabio, un joven periodista descubrirá que algunos cuadros emblemáticos del Museo del Prado trascienden su sentido aparente, visible, para convertirse en puertas que comunican con lo trascendente, con el “más allá”. Así podrá descifrar los ocultos mensajes que los grandes pintores, maestros en saberes esotéricos, dejaron encerrados en ellos. 
La novela de tema esotérico es un subgénero novelístico que, en principio, puede alcanzar la misma calidad literaria que cualquier otro. Es decir, la temática de este tipo de novelas no tiene por qué condenarlas al rincón de los libros superventas, sin derecho a entrar en el ámbito de la literatura “seria”. Bastaría citar los ejemplos de Edgar Allan Poe, Wilkie Collins, Conan Doyle o Umberto Eco. En la literatura española, Arturo Pérez-Reverte ha demostrado en varias de sus novelas que se pueden tratar asuntos folletinescos con una gran dignidad literaria. Otro ejemplo podría ser  la serie de Harry Potter, paradigma de la novela esotérica juvenil de calidad. 

Pero lo cierto es que los autores citados son más bien excepciones que confirman la norma, porque entre los escritores de temas esotéricos predominan los que ante todo buscan el éxito comercial a base de satisfacer los gustos de un público masivo y poco exigente. Por eso, cuando en la contraportada de una novela leemos que trata de templarios, santos griales, masones, momias egipcias, etc. tendemos a prejuzgarla, quizá injustamente, como una obra de mala calidad. Sin embargo, al mismo tiempo sentimos una inconfesable tentación de leerla, porque la revelación de secretos siempre ha fascinado al ser humano. Esta ambivalencia se acentúa durante las vacaciones veraniegas, cuando queremos leer de manera relajada, sin especiales exigencias. El tópico de las lecturas de verano tiene, pues, como todos los tópicos, bastante de verdad.
Todos estos prejuicios se nos han planteado a la hora de seleccionar, leer y analizar El maestro del Prado, de Javier Sierra, uno de nuestros más prolíficos y exitosos autores del género esotérico. Resulta inevitable relacionar El maestro del Prado con El código Da Vinci, de Dan Brown, novela que puso de moda el tema de los cuadros con claves esotéricas. Permítasenos el desahogo veraniego de decir que la novela de Brown carece de todo interés literario y no tiene el más mínimo rigor histórico y cultural. Es más: por culpa de su enorme e inexplicable éxito comercial,  merecería ser juzgada por delito ecológico. O sea, por haber provocado que miles de árboles hayan sido sacrificados para fabricar millones de páginas de ese libro y de todos los que después han intentado emularlo. Ojalá que todo este desastre sirva  para estimular el surgimiento de un nuevo Cervantes que arremeta contra esos modernos libros de caballerías.  
Pero El maestro del Prado, aunque tiene algunas afinidades temáticas con El código Da Vinci, se diferencia claramente de la novela de Brown porque su nivel de documentación histórica es muy superior. Lo cual no es un gran elogio, porqueEl código Da Vinci carece de documentación. Pero hay que reconocer que Sierra se ha esforzado en dar un barniz de wikierudición a sus lucubraciones. Los datos sobre los pintores y sus obras son correctos y de nivel divulgativo, pero también encontramos algunas incursiones en la bibliografía especializada. No faltan, sin embargo, las inexactitudes.
Los datos más chocantes son los relacionados con la encarnación de Jesús. En la novela se atribuyen a Dios Padre los embarazos de la Virgen María y de santa Isabel. Por consiguiente, Jesús y san Juan quedan convertidos en hermanastros y no en primos: “Ambos niños habían sido concebidos por el mismo padre celestial, a través del mismo arcángel” (p. 31). El papel de Gabriel en estos milagrosos embarazos no queda muy claro, ya que más adelante se afirma que era algo más que un simple mensajero: “El arcángel Gabriel plantó la divina semilla en el vientre de María” (p. 189).
Ni que decir tiene que el autor está en su derecho de cuestionar la ortodoxia cristiana, que siempre ha defendido al Espíritu Santo como padre de Jesús, milagro anunciado a María por el arcángel Gabriel. Si esa era su intención, debería haber enfatizado y argumentado mucho más la negación de uno de los dogmas fundamentales del cristianismo, que ha inspirado tantas obras artísticas. Pero, como estamos hablando de una novela y no de un tratado de teología, el escritor tendría que haber dado un tratamiento literario a ese tema, que queda esbozado al analizar algunos cuadros de Rafael, pero que después ya no tiene continuidad en el resto de la trama argumental.    
Esta es la principal limitación de la novela. Va planteando diversos temas al hilo de los comentarios sobre cuadros del Museo del Prado, pintados por Rafael, Botticelli, Tiziano, El Bosco, Brueghel el Viejo, El Greco… Pero el comentario de cada cuadro queda demasiado desligado de los demás. Se supone que los pintores de esos cuadros formaban parte, a lo largo de los siglos, de la misma secta de iluminados, pero no se ve un mensaje que los una a todos.
Sirvan de ejemplo los capítulos octavo y noveno. El octavo está dedicado a un misterioso mensaje de un no menos misterioso “señor X”. El mensaje es calificado de “una llave para entrar en la gloria”. Consiste en unas fotocopias de un artículo auténtico de la revista La Ilustración de Madrid, del 15 de enero de 1872. Se trata de una ilustración del pintor Martín Rico, un dibujo de los restos momificados del emperador Carlos V. El pintor acompaña el dibujo con una larga explicación de cómo tuvo que realizarlo, se supone que tras haber obtenido permiso para abrir la tumba del panteón real de El Escorial.
Desde luego, el artículo es curioso, pero poco tiene de esotérico, y no se entiende muy bien por qué el protagonista, muerto de impaciencia, lo “devora”, como si en él se desvelara la madre de todos los secretos. Más aún cuesta ver la relación del artículo con el capítulo siguiente, dedicado al retrato del emperador pintado por Tiziano. El retrato es la excusa para especular con la lanza que sostiene el monarca, que se identifica con la mítica lanza de Longinos, la que el soldado romano de ese nombre habría usado para herir a Jesús en la cruz. La lanza tendría poderes sobrenaturales, etc. 
De todo eso se desprende que resulta muy forzada la tesis de la novela: que los cuadros analizados son “mecanos creados por mentes ultrasensibles que lo último que buscaban era proporcionar placer estético” (p. 133).
Desde el punto de vista literario, la novela se resiente de un exceso de información, que se va transmitiendo mediante largos diálogos entre el misterioso sabio y el joven estudiante. La novela está narrada en primera persona por el joven, que ejerce de protagonista, pero su configuración psicológica es muy esquemática. El maestro queda también muy desdibujado, no es más que un transmisor de disertaciones esotéricas. No queda clara su verdadera personalidad, ni tampoco las motivaciones por las que elige al joven como discípulo suyo,  al que trata de “hijo”.
Si los personajes son inconsistentes, la intriga no ayuda a atraer el interés del lector. A diferencia de El código Da Vinci, en El maestro del Prado apenas hay escenas emocionantes, tensas o violentas. El esbozo de una relación amorosa se difumina sin apenas explicación. Lo mismo ocurre con la incipiente intriga basada en la rivalidad entre los dos misteriosos sabios.
La acumulación de información estético-esotérica acerca la obra más al ensayo divulgativo que a la novela de intriga. Por eso sería difícil adaptarla al cine. En cambio, no sería muy complicado suprimir los largos diálogos y agrupar la información en una serie de textos expositivos independientes, como comentarios específicos de cada cuadro. 
A falta de personajes sólidos y de una intriga bien dosificada, el desenlace resulta forzado y bastante decepcionante. Los rosacruces aparecen al final como una especie de deus ex machina que intenta desatar de golpe todos los nudos argumentales planteados. Pero, como el protagonista no logra desvelar las claves de tantos y tan profundos enigmas, transfiere al lector la búsqueda de la solución, encerrada en un poemita. Y entonces verificamos lo que ya sospechábamos: que la clave de los complejos arcanos está muy cerca de la banalidad:          
Afronta la muerte.
Arranca tus vendas.
Confía en la suerte
y haré que comprendas.
Fuente: www.eldiario.es (31/07/2013)
Ver video trailer: https://www.youtube.com/watch?v=5Ehw2jRRLQE

miércoles, 9 de marzo de 2016

Es el turno de "Mientras sueñas" de Esperanza Arcos

El accidente que sufre Javier, un niño de 10 años, derrumba la vida rutinaria de su madre, Marta, separada de un arquitecto. En el hospital inicia una amistad con Luis, un fisioterapeuta que le inspira a enfrentarse a su difícil situación con creatividad gracias a la pasión que ella siente por el cine. Con Luis aprende a superar obstáculos, descubre que el amor es inesperado y que aún le queda uno muy grande por vencer.

Mientras sueñas es una historia que puede ocurrir en cualquier instante de cualquier vida y en algún lugar por ello y en solidaridad y apoyo a todas las madres que luchan cada día por sus hijos ingresados en hospitales he decidido donar mis beneficios como autora de esta obra a la Fundación Luis Olivares de Málaga por la extraordinaria labor que realiza para los niños y adolescentes enfermos de cáncer haciéndolos más felices a ellos y a sus familias.

La novela se presentó en Fnac el 16 octubre de 2015 y es en ella donde su primo, Luis Navajas, la enmarca y nos presenta a la autora con estas palabras:

"Esperanza nació en Málaga, en el año 1963. Siempre fue una artista, así que eso la llevó a estudiar Diseño de Interiores y Decoración, en la Escuela de Artes Aplicadas de nuestra ciudad. Sin embargo, ha sido con la escritura con la que ha querido rendir homenaje a todo lo que nos rodeó a esta familia y al amor que siente por el sétimo arte.Ha escrito su primera novela –les aseguro que no quedará ahí la cosa.- MIENTRAS SUEÑAS. Un acto de generosidad hacia todos/as nosotros/as, futuros lectores, que no termina con el último punto y final del libro. No, porque los beneficios como autora, los tiene donados a la fundación Luis Olivares de Málaga, por la extraordinaria labor que éstos realizan cuidando a los niños y adolescentes enfermos de cáncer.Cuando vemos, tocamos, una novela ya impresa podríamos tener la impresión de que ésta ha sido una cuestión fácil de culminar; pero créanme, no ha sido así. Es un proceso largo y difícil en el que, además de la autora, también ha tenido que superar su familia.Esperanza, ya había hecho sus pinitos con la escritura creando cuentos, relatos, poesía… pero el salto a la gran escritura lo ha dado con esta novela.Novela que nació sin más pretensiones que la de colmar unas ganas de escribir. Lo que, en ocasiones le llevaba a escribir durante muchas horas al día"
La biblioteca de Alhaurín, siempre apoyando a los escritores de la localidad, apuesta por esta novela y la ha propuesto para lectura este curso.

sábado, 30 de enero de 2016

"El Club Dumas" de Pérez Reverte es el libro elegido para continuar con nuestras charlas en Febrero

Pérez-Reverte: "El Club Dumas' es un pedazo de mi vida; no cambiaría ni una línea"

Quince años después de que se publicara El Club Dumas, Arturo Pérez-Reverte afirma que no cambiaría "ni una línea" de esta novela, que abrió puertas a otras del mismo género, consiguió lectores en medio mundo y le sirvió al escritor para darse cuenta de que podía "vivir de la literatura". "El Club Dumas es un pedazo de mi vida. Es el mejor libro que pude escribir en ese momento y le dediqué todo mi esfuerzo e ilusión; modificar algo sería renegar de todo aquello", dice Pérez-Reverte en una entrevista, coincidiendo con la llegada a las librerías de una edición conmemorativa de esta novela, publicada por Alfaguara.

El libro, claro homenaje a Alejandro Dumas, uno de los escritores predilectos de Pérez-Reverte y "el primer hilo de esa tela de araña maravillosa que es una biblioteca", estuvo respaldado por el éxito desde que nació: se han vendido dos millones y medio de ejemplares en todo el mundo y está publicada en 51 países, 30 de ellos de lengua no española. Pero en su día, esta obra constituyó "un desafío" para el autor, que quiso demostrar que "con Dumas puede hacerse algo más que una novela de mosqueteros". Para ello mezcló "elementos del viejo folletín europeo de masas con la novela posmoderna".
Un texto arriesgado
"Ahora, escribir una novela de este tipo es jugar con un mercado que ya existe, pero hace quince años suponía arriesgarse a que no te leyeran, porque no había un público para estos libros", asegura Pérez-Reverte, muy crítico siempre con aquellos que desprecian la novela del siglo XIX y principios del XX y sólo consideran válida la literatura "desde Faulkner y Cortázar para acá".
"Al lector lo había hecho desertar la panda de gilipollas que tenía secuestrada la literatura, y tan sólo héroes como Juan Marsé o Eduardo Mendoza habían mantenido ese hilo sutil pero todavía firme con la literatura que te contaba cosas", señala el escritor murciano con su habitual forma de hablar, sin pelos en la lengua. Llevada al cine por Polanski bajo el título de La novena puertaEl Club Dumas funcionó "de maravilla" desde el principio.
Con este libro, "por primera vez", Arturo Pérez-Reverte se sintió "tranquilo como escritor". "Hasta entonces, era un aventurero; yo no era del mundo literario, no tenía ninguna pretensión en ese terreno. Pero con esta novela me di cuenta de que podía vivir de la literatura y de que había un tejido de lectores, en España y en el extranjero, que ya me daban una seguridad. Con El Club Dumas empiezo a irme del periodimo", comenta el escritor, que fue corresponsal de guerra desde 1973 a 1994.
El autor de La tabla de FlandesLa carta esférica o La Reina del Sur no suele releer sus libros, pero ahora sí lo ha hecho con El Club Dumas, y cree que "la novela se sostiene muy bien". "Es la quintaesencia del goce; me lo pasé de miedo escribiéndola". Protagonizada por Lucas Corso, un mercenario de la bibliofilia que debe autentificar un manuscrito de Los tres mosqueteros y descifrar el enigma de Las nueve puertas, un extraño libro del XVII, El Club Dumas abrió camino a una serie de autores cuyas novelas tienen el mundo del libro como eje central y combinan tramas detectivescas, intrigas y aventuras.
Pérez-Reverte se muestra prudente cuando se le pregunta por las influencias que pudo suscitar su novela en otros escritores, y afirma que si hay algunos que "se consideran herederos de su novela, eso deberían decirlo ellos, y de hecho hay una que sí lo ha reconocido: Matilde Asensi. Le estoy muy agradecido".
Eco como referencia
¿Y quiénes le pudieron influir a él? Hay un dato curioso que este académico de la Lengua no cuenta casi nunca. Cuando apareció El nombre de la rosa, de Umberto Eco, Pérez-Reverte estaba escribendo "una novela de templarios", de la que tiene en su casa "unos 120 folios". "Aquella novela de Eco me hizo sentir feliz, porque me di cuenta de que lo mío no era una aventura individual y equivocada, sino que gente con un peso intelectual serio opinaba lo mismo que yo de la literatura".
Y cuando leyó que Eco tenía en marcha una novela sobre templarios (El péndulo de Foucault), el escritor murciano guardó la suya y se puso a escribir El Club Dumas, en la que le hace un guiño al semiólogo italiano y lo incluye como miembro de su selecto club. Pero "no hay una influencia de Eco en El Club Dumas. El mundo que refleja esta novela no se improvisa en seis meses, sino que hace falta una vida entera para escribirla", subraya.
Fuente: El País Cultura. 28 NOV 2018

martes, 19 de enero de 2016

Empezamos año con "Hijos de la Vid" de Mariví Verdú.

Así presenta Mariví Verdú su libro:

"Os quiero proponer un viaje por la Benalmádena de finales del XIX en una historia de amor y éxodo y un paseo por Málaga a principios del XX de la mano de una mujer malagueña, Victoria Sánchez Martín, y su encuentro con una familia de abolengo, Los Caughy, así como una leyenda sobre el lagar de Jotrón (Montes de Málaga). Una novela repleta de sentimientos y experiencias que os tocará el corazón."
Esa señora, mi bisabuela, será la protagonista de la historia.