martes, 14 de febrero de 2017

En el grupo del jueves leeremos "Thérèse Raquin" de Émile Zola

Thérèse Raquin, de Émile Zola
Un clásico sobre el crimen y la culpa

Resultado de imagen de emile zola therese raquinEn 1867, cuando publica Thérèse Raquin, Zola ya tenía a sus espaldas un libro de relatos y un par de novelas. Ninguno de ellos había llamado excesivamente la atención del público, pero sí la de la policía, lo que le hizo perder su puesto de asalariado, en calidad de corrector de originales y redactor de notas de prensa, en Hachette. Estos libros se habían publicado en la pequeña editorial del librero Lacroix, que se encontraba en la esquina de la Rue Vivienne y el Boulevard Montmartre. Como escribió más tarde Edward Vizetelly, traductor al inglés de las obras de Zola, éste era entonces un hombre “vacío, como barco a la deriva”, que mientras daba forma a su nueva novela colaboraba con sus artículos de crítica de arte en el Événement, por los que mereció la inquina de diversos artistas consagrados y que sirvieron de paso para dar a conocer a un pintor, al que se consideraba insignificante, llamado Édouard Manet. La novela, con el título de Une Histoire d’Amour, apareció en la revista L’Artiste, propiedad de uno de los hombres más influyentes del París del Segundo Imperio: Arsène Houssaye, quien aconsejó al autor que suavizara algunas escenas en beneficio de sus fieles y (es de suponer) impresionables lectoras, una de las cuales era la andaluza, y por entonces emperatriz, Eugenia de Montijo. Ese mismo año aparecería ya en forma de libro y con su título definitivo en la editorial de Lacroix. Esta edición, que recuperaba diversos fragmentos que fueron suprimidos en la revista, es la que nos presenta ahora, en una excelente y ya conocida traducción de Maite Urrutia, la editorial Alba en su colección Minus.
Sería curioso estudiar los cambios que se producen a veces en ciertos organismos, a consecuencia de circunstancias determinadas; dichos cambios, que arrancan de la carne, no tardan en comunicarse al cerebro y a todo el individuo”.
Émile Zola escribió esta frase no para un sesudo ensayo, sino para su novela Thérèse Raquin, obra temprana que redactó con veintisiete años y que marcaría la pauta de toda su posterior, y abundante, producción literaria. Dicha producción, como explicó el propio Zola, tuvo una intención principalmente científica, dedicada a explorar ciertas ideas de lo que hay llamamos psicología social que, aunque con otro nombre, estaban muy en boga en su tiempo.
La teoría que clasifica a los humanos por los cuatro temperamentos (el sanguíneo, el melancólico, el colérico y el flemático) fue ideada hace dos mil quinientos años por Hipócrates, y se basaba en la creencia de que existen en el cuerpo humano cuatro fluidos o humores responsables de la génesis y el mantenimiento de la vida y de cuyo equilibrio depende la salud física y mental. Todavía en el siglo XVI Fray Luis de Granada escribió: “La salud de nuestros cuerpos consiste en el temperamento y proporción de estos cuatro humores, y la enfermedad cuando se destemplan, creciendo o menguando los unos sobre los otros”. En el último tercio del siglo XIX, cuando Zola escribía, lo que llamamos medicina interna ya había relegado la mayor parte de estas ideas a la categoría de meras supersticiones, lo que no impidió que otra rama de la ciencia mucho más atrasada, la de la mente y los trastornos psíquicos, se apropiara de ellas, adaptándolas a sus necesidades a fin de (si no curar, cosa que se tenía por poco menos que imposible) al menos razonar las causas de las perturbaciones mentales y las anomalías de la conducta asociadas a ellas. Una nueva clasificación de los temperamentos, esta vez desde una perspectiva psicológica, fue la realizada por el fisiólogo Ivan Pavlov, según el cual aquéllos, por medio del sistema nervioso, dominaban en el ámbito instintivo-afectivo y moldeaban, junto al medio ambiente, el “carácter”. Dichas ideas gozaron de éxito en aquellos años, y todavía hoy, pese al auge que adquirió el psicoanálisis, representan una tentativa naturalista de explicar los afectos, a la vez que son el antecedente histórico de la fisiología y de las teorías abiertamente materialistas de la conciencia. Además, no es pequeña la nómina de obras de arte inspiradas en ellas, desde diversos retratos de Leonardo da Vinci hasta algunas composiciones musicales ya del siglo XX, como las que dedicaron a los famosos cuatro temperamentos Carl Nielsen y Paul Hindemith. Sin embargo, parece obvio que el campo en el que más se extendieron fue, con diferencia, la literatura.
Thérèse Raquin fue recibida con un clamor de desaprobación por parte de la crítica. A propósito de esta novela el ex colaborador de Le Figaro Louis Ulbach acuñó en un artículo la expresión “literatura pútrida”, que marcó el tono general de la recepción de la misma. Dicho artículo fue respondido por Zola, lo que dio lugar a una agria discusión que culminó con el prefacio escrito por el propio autor para la segunda edición de la novela. En él Zola se quejaba de que la obra no había sido bien comprendida por sus jueces, poseídos al parecer por “los nervios sensibles de una jovencita”, y añadía, de un modo que anticipaba ya el resto de su producción, que en Thérèse Raquin se había propuesto “estudiar temperamentos, no caracteres”.
He escogido”, escribió, “personajes sometidos por completo a la soberanía de los nervios y la sangre, privados de libre arbitrio, a quienes las fatalidades de la carne conducen a rastras a cada uno de los trances de su existencia. Thérèse y Laurent son animales irracionales humanos, ni más ni menos”. Estos personajes son víctimas de sus temperamentos, fuertemente melancólico el de Thérèse y sanguíneo el de su amante, y lo que describe la novela es la forma en que estos diferentes humores, que en una combinación distinta habrían podido neutralizarse mutuamente, convirtiendo a sus portadores en sumisos y respetables ciudadanos, se potencian aquí el uno al otro, hasta el punto de sumir a ambos en un mundo cerrado y dominado por delirios obsesivos, los cuales les llevan al crimen y después a un autodestructivo sentimiento de culpa. Ahora bien, si algo tienen en común las novelas que merecen tal nombre, desde su más lejano origen, es precisamente la descripción de caracteres, es decir, de personajes que se forman con el entorno y que se adaptan a (o modifican) las circunstancias de éste. En la novela de Zola, como se ha dicho, no hay personajes, sino temperamentos. Así, lo que en la época de Thérèse Raquin ya empezaba a llamarse “naturalismo” vendría a ser en el fondo una especie de nueva novela o de novela experimental más próxima a un historial clínico que a lo que entendemos por novela. De hecho, aquí tropezamos con una narración descriptiva de emociones y actos prácticamente carentes de estilo y que recuerda a los estudios clínicos que algunos años más tarde redactaría Freud, con un lenguaje diferente, para referirse a las neurosis e histerias de sus pacientes. Vista por el siglo XIX, Thérèse Raquin es antiliteratura.
Esta eficiente prosa es ciertamente “antiliteraria”, y en ese rasgo reside su modernidad, pues no es poca la descendencia que ha tenido Thérèse Raquin a lo largo del siglo XX, y ello, abandonadas ya las teorías sobre los temperamentos, porque aquí se encuentran, desplegadas de pronto en toda su extensión, las técnicas, las potencialidades, los recursos que sirven para ilustrar el repertorio completo de las servidumbres a que está sujeta una conciencia alienada, incapaz de toda reflexión, privada de voluntad y sometida a un destino que es ineludible, en tanto que de una vez por todas ha sido dictado por su propia carne. “Espero”, escribió Zola, “que se empiece a comprender que mi objetivo ha sido, ante todo, un objetivo científico. Mi único deseo ha sido, dados un hombre potente y una mujer no saciada, buscar en ellos la bestia, incluso no ver más que la bestia, lanzarlos en un drama violento y anotar escrupulosamente las sensaciones y los actos de estos seres”. Premisa ésta que, si a nosotros no se nos aparece como cosa nueva, se entiende que resultara una píldora difícil de tragar para los lectores de 1867.
Thérèse es una joven hija de una “excepcionalmente bella” argelina y de padre desconocido. Siendo niña es entregada a su tía, la viuda señora Raquin, que sólo vive para atender a su único hijo, el enfermizo Camille. La niña debe criarse junto a su primo en un ambiente pueblerino, compartiendo lecho y, siendo completamente sana, llevando la misma vida del enfermo, lo que la convierte pronto en una persona siempre ausente, abstraída. Carente de voluntad, su tía la casa con Camille, y los tres se van a París para regentar una miserable mercería en un oscuro pasaje cerca del Pont Neuf. Allí Camille encuentra un trabajo de oficinista, quedando tía y sobrina en la mercería, que apenas les da para vivir. Hasta aquí Thérèse ha carecido de vida propia, y su apacible exterior, sometido a la persuasiva autoridad de su tía, cubre un interior en el que bullen violentamente los reprimidos deseos de su juventud, en particular los sexuales, que estallan al conocer a un compañero de trabajo de su marido: Laurent. Ambos jóvenes se encontrarán en secreto en la alcoba conyugal, donde vivirán su pasión sin palabras hasta que una orden del jefe de Laurent le impida ausentarse de la oficina, momento en el que ambos concebirán el proyecto de asesinar a Camille, acto que tendrá lugar un día de asueto, en el Sena, durante una excursión en barca.
Hasta aquí el argumento no se diferencia mucho del de la literatura “licenciosa” de la época, pero es después, ya suprimido el obstáculo que para los protagonistas representaba Camille, cuando se muestran las originales intenciones del autor, el cual dedica gran parte del libro a desvelar los sentimientos de culpa que hacen del todo imposible que la pareja disfrute libremente de su relación y, finalmente, de la propia vida. En el camino, Zola nos deja también el abrumador retrato de la autoritaria y al final inválida tía, retrato que ha servido a los psicólogos para ilustrar el llamado “locked-in syndrome” (pseudocoma o síndrome de cautiverio).
Esta edición debería servir para deshacer el equívoco (lo que quede de él) de que Thérèse Raquin es o pretende ser literatura erótica. El lector poco informado que busque tal cosa apenas se sentirá satisfecho, pero a cambio podrá descender a los infiernos del temperamento y de la naturaleza humana. Es posible, sin embargo, que este estudio clínico, que llegó a ser obra de teatro, ópera, película de cine y de televisión y hasta musical de Broadway, y que no excluye su buena dosis de denuncia social, continúe siendo para algunos difícilmente asimilable. A los demás ya pidió disculpas Zola cuando se vio obligado a explicar los entresijos de su obra. Pues según escribió, “las personas inteligentes no necesitan, para ver claro, que les enciendan un farol en pleno día”.

 Fuente:

José Ramón Martín Largo – La República Cultural

martes, 15 de noviembre de 2016

Leeremos y reeleremos "Villa Diamante" de Boris Izaguirre


Resultado de imagen de villa diamanteNo deja de ser curioso considerar la cantidad de palabras que los críticos necesitamos para llamar la atención sobre autores de peso que atesoran esforzadas carreras y mucho olvido, y qué pocas hacen falta para reconocer de inmediato a este antiguo cronista de sociedad venezolano, guionista de telenovelas, marciano crónico, showman televisivo, tan capaz de serenidad y glamour como de cruzar la línea del mal gusto. Hace mucho que Boris Izaguirre (Caracas, 1965) es en España tan persona como personaje, o mejor: hace mucho que supo hacerse un personaje. A la hora de juzgar Villa Diamante (finalista del premio Planeta 2007) podría uno dejarse envolver por un par de prejuicios: el carácter comercial del galardón, y la fama de “frívolo” que acompaña al autor del libro. Sin embargo, los lectores no encontrarán en las casi 500 páginas de Villa Diamante un relato frívolo, banal, escrito con prisas o descuido. 

Sorprende desde el inicio encontrarse ante una historia terrible que cubre medio siglo de la convulsa historia de Venezuela y que arranca en la navidad de 1937, cuando unos hombres violentos entran por la fuerza en la mansión de una familia rica de Caracas afín al recientemente derrocado dictador Gómez. Esta puesta en escena, teatral e impactante, su ceremonia de la destrucción, y el talento de Izaguirre para el suspense y la eficacia narrativa (años de guionista), hará que quedemos enganchados en los observadores ojos de una niña (Elisa), con la que recorreremos el libro hasta su edad anciana, viajando, de paso, por un buen pedazo de la historia reciente de Venezuela. La caída en desgracia de esta familia hace que ella y su hermana Irene sean “acogidas” (anexionadas, expropiadas) en la gran casa de los vecinos Uzcátegui, que en adelante se ocupan de su “buena educación”. Será el verdadero comienzo de todo: un mundo tan confortable como terrorífico: una tragedia que poco tiene de glamour de lentejuelas y que -en sus mejores páginas- lo emparenta con otras muchas historias terribles contadas por autores hispanoamericanos. 

Existe, pues, un Boris Izaguirre interior, serio y concentrado junto al exterior, jocoso y chispeante. Es capaz de escribir con un aplicado realismo que se permite algún guiño al realismo mágico y define al extremo los personajes. Este buen acabado alcanza también a sus dos grandes retratos de monstruos (el padrastro y cruel fascista Gustavo Uzcátegui y el Jefe de las Fuerzas de Seguridad de Venezuela, Pedro Suárez). El buen conocimiento de los modos de hablar que posee Izaguirre ofrece diálogos de impecable factura, y su oficio de cronista de sociedad brilla al describir las reuniones de la alta sociedad de Caracas: su charla insustancial, las detalladas comidas, vestuarios, costumbres... No puede obviarse la (querida) propensión de Izaguirre hacia la telenovela y hacia una prosa “afrutada”. Se trasluce en muchas de sus páginas (Hugo o el joven Mariano son perfectos galanes), pero se diría que ha sabido poner estos ingredientes al servicio de una compacta narración que sólo entra en crisis en algunos tramos de la obra, con la aparición de un personaje (en mi opinión) innecesario para la trama: el travestido Joan en la parte de Isla Trinidad, que reaparece al final -de modo un tanto forzado- en Venezuela. Gran acierto la inclusión de otro personaje: el famoso arquitecto Gio Ponti, figura que termina siendo querida e importante.

Humillaciones, amores y sueños imposibles, verdades silenciadas, golpes de Estado, caciques y generalillos varios, abusos de poder, oportunistas, manos sucias... pero es también una historia sobre la fortaleza personal, la reinvención de uno mismo tras cada daño, la necesidad de purificación y perduración. Quizá lo más logrado sea el tremendo ambiente de amenaza, la brutalidad de fondo cernida sobre las vidas individuales (sobre lo bello, inocente, frágil, o justo), que deja en promesa todo futuro, incluido el de esa gran nación en perpetuo recomienzo llamada Venezuela. 


Boris Izaguirre. Foto: Quique García

Fuente: www.elcultural.com (15/11/2007)

Max Estrella leerá "Mensajero de los vientos. Una historia del café" de la autota local María Donaire


Fuente: El blog de María Donaire

Presentación del libro “Mensajero de los Vientos. Una historia del café”

El pasado lunes día cinco será un día que difícilmente olvidaré. Ni en mis mejores sueños lo hubiera imaginado pero la realidad fue que todo acompañó para que sintiera que estaba dando el mensaje adecuado y me estaban entendiendo. Y lo digo porque la emoción flotó en el ambiente y emocionar no es precisamente fácil.
Familiares, amigos, vecinos… se acercaron a la Finca El Portón para acompañarme y conocer más de cerca el libro en el que he invertido los últimos tres años de mi vida.
Aún no sé muy bien cómo surgió la idea de transmitir la historia de la emigración de la que fueron protagonistas mis tatarabuelos. Tampoco sé cómo me metí en la voragine de investigación en buscadores, registros, museos, archivos, diócesis, ayuntamientos además de la lectura de jornales de la época para acabar sumergiéndome de la cultura escuchando música brasileña, leyendo en portugués, haciendo recetas gastronómicas como feijoada, mandioca y también, por qué no decirlo, caipirinhas varias.
Sorprendentemente, una madrugada a eso de las cuatro de la mañana encontré el libro de embarque en el vapor Bourgogne con fecha de 26 de julio de 1893 en el Puerto de Málaga en la que aparecían los nombres de mis tatarabuelos y sus hijas. Analizando detenidamente los datos comprobé que mi bisabuela Paca, con ocho años, embarcó, lo que significaba que había estado en Brasil y que había cogido café. No pude evitar la emoción de ver cómo 120 años después el paso de mis antepasados había quedado reflejado en un papel y que ya nunca más sería un episodio olvidado. Debía escribirlo, darlo a conocer.
Al día siguiente, siguiendo las pesquisas pude encontrar el documento de entrada en el Puerto de Santos (Brasil) con fecha de 6 de septiembre. Otro subidón emocional más. Era increíble que pudiera encontrar una aguja en un pajar yo, sin haber estudiado Historia ni Archivística ni nada por el estilo. Con respecto a éste tema creo que alguien o algo me ayudó a conseguir esa información, que me la proporcionó de alguna manera para ayudarme a conocer la verdad de ésta historia y que se supiera.
Ha sido tan emocionante descubrir cada documento, encajar cada pieza del rompecabezas en el tiempo, poder ordenar una historia y conocer a sus protagonistas que son mis antepasados que bien puedo decir que he disfrutado mucho con ésta aventura nueva: la de la escritura.
Comprobar cómo aún, en la memoria de los descendientes, se guardan recuerdos de las personalidades y de las vidas de éstas personas no ha sido menos emocionante.
La búsqueda de editorial fue muy cortita. Lo tenía claro porque un amigo mío había publicado anteriormente con ellos y le había ido bien. No necesitaba invertir el poco tiempo que tengo en continuar otra búsqueda que bien podía eternizarse.
Un documento en formato Word de unas quinientas páginas, maquetadas por la editorial se traducían en demasiadas para autopublicar. Así pues, tuve que meter la tijera y recortar hasta que la obra quedara en 344.
El mes de agosto lo he invertido en varias cosas, principalmente en repasar las maquetas que la editorial Círculo Rojo me mandaba con la rapidez de un rayo, estar pendiente de que mi hermano Antonio me hiciera la imagen de portada, Juan José Mestanza los árboles genealógicos y Manuel López el prólogo. Ha sido bastante movidito el verano y todo para que el día cinco estuviera todo perfecto. Quedaba el toque final. Comunicarlo al Área de Cultura del Ayuntamiento de Alhaurín de la Torre, ambientar el templete del Portón de la época y darme el gusto de servir un café a los asistentes. Para ello me puse en contacto con Cafés Santa Cristina, el café de Málaga, y les hablé de la temática del libro y de la presentación. Desde el primer momento me dijeron que contara con ello y que colaborarían de forma altruista.
Parecía que todo rodaba perfectamente. Se habían alineado los astros. Les pedí si tenían algunos sacos de café para ambientar el templete y me dijeron que sí, que me los dejarían aunque el café ya viene en containers nada románticos.
Conforme comenzaron a llegar personas a la presentación me emocionaba por momentos. Acostumbrada a hablar al público, ésta ocasión iba a ser diferente y por eso tragaba saliva con mayor frecuencia. Tras recibir la exposición del vídeo tuve que beberme un botellín del nudo que tenía en la garganta. Pensaba en ellos, en cómo se embarcaron en tamaña aventura y me enorgullecía de ser descendiente de unos valientes como ellos además de poder dar a conocer ese capítulo olvidado, que había pasado sin pena ni gloria. Ahora que soy madre no puedo dejar de imaginar cómo debería verse una madre de desesperada para embarcar con toda su familia, incluyendo al más pequeño de tan sólo un año. Muy desesperados debían estar.

A vosotros, que aunque no os haya conocido personalmente os he conocido en el transcurso de éstos años a través de escritos y de recuerdos…

https://www.youtube.com/watch?v=6jEjIgshRVQ

Zaratustra leerá "La tierra de las mujeres" de Sandra Barneda

La escritora y periodista Sandra Barneda cree que las mujeres han sido "demasiado juanas de Arco" y que es necesario reivindicar "su esencia de poder femenino", como lo hace en su nueva novela "La Tierra de las Mujeres", la segunda de una tetralogía "basada en el círculo de la vida".
Con un enfoque más costumbrista que el de su primera novela "Reír al viento", en "La Tierra de las mujeres" editada por Suma de Letras, Barneda regresa a la tierra de su familia, en la localidad de Villanova de La Muga, en el Ampurdán, en un homenaje a la vida y a sus antepasados que, sostiene, la han guiado en su escritura.
A pesar de ello, la novela no tiene "nada de autobiográfico", señala en una entrevista con Efe Sandra Barneda, que explica que "es como un cuento" en el que La Muga es un lugar mágico "donde te gustaría estar", en el que tienen un papel primordial "ocho abuelas transformadoras que forman un círculo mágico ancestral".
Si en su primera novela fue el viento el elemento dominante, la tierra es la de este segundo libro, al que seguirán otros dos. Para el tercero ya se está documentando, ha explicado la periodista, que ha avanzado que transcurrirá fuera de España en un salto atrás en el tiempo y donde el agua, el elemento que toca, "será turbia".
Toda la tetralogía está protagonizada por "los viajes sanadores", que en esta ocasión llevan al pueblo al padre de la autora.
Ambientada en Navidad, los secretos familiares forman una telaraña en este libro que protagoniza una acomodada Gala Marlborough, una bostoniana con ascendentes catalanes que está casada con un "pluscuamperfecto" cirujano plástico, y que busca reorientar su futuro.
"A veces necesitamos golpes de realidad, la vida es muy sabia y siempre hay un por qué y si no lo hay es porque no sabemos leerlo", dice Sandra Barneda.
Gala llega desde Nueva York a La Muga, un pueblo cercano a la frontera francesa donde había nacido su padre, con el afán de conseguir rápidamente la herencia de una tía abuela que desconocía tener y que la ha dejado como única heredera.
Acompañada de sus dos hijas, una adolescente y caprichosa Kate y una pequeña Adele, Gala llegará a encontrar en La Muga algo mucho más importante que la hará conectar con una parte de sí misma que ignoraba, destaca la autora, que hace que sus personajes realicen un "viaje transformador".
Los secretos familiares la van transformándola a ella y a sus dos hijas al tener un "encuentro sanador con el amor", que la escritora define como "la gasolina del alma" y para la que, si es preciso, hay que atreverse a remover la tierra con las manos.
Asegura que trabajó mucho los personajes de las abuelas, mujeres del pueblo cada una con su apodo que representan los diferentes arquetipos y que forman el Círculo, en el que actúan de "guardianas de la tradición, cobijan los secretos" y que, con su solidaridad, acogerán y serán como "hadas madrinas" para Gala.
Unas abuelas, estas no de ficción, a las que ha querido homenajear en el acto de presentación de su novela que se ha desarrollado hoy en la biblioteca del Castillo de Perelada, a la que han acudido varias mujeres de La Muga.
En su novela hace así un guiño, ha dicho, a la mujer "que recupera su poder, su esencia, desde la tierra", después de que las mujeres hayan tenido que adaptarse a los patrones masculinos para triunfar olvidando "una parte salvaje muy femenina".
Sandra Barneda ha confesado que la literatura le da el "equilibrio perfecto" que precisa por su profesión de presentadora de televisión, ahora al frente del programa "Un tiempo nuevo", de Telecinco.

Fuente: www.eldiario.es 5/11/2014

lunes, 10 de octubre de 2016

Zaratustra comenzará leyendo "La última decisión" de Raquel Rodrein

Una novela electrizante en la que la fuerza del amor cobra un protagonismo inesperado.

El juego no ha terminado y ahora todos corren peligro....Glasgow, enero 2009. Un hombre recobra el sentido tras ser atracado. Asegura ser William Crowley, exprofesor de la Universidad de Westminster y reconocido escritor desaparecido hace un año, tras haber sido acusado como principal sospechoso del asesinato de un alumno suyo. Sin embargo, su pasaporte está a nombre de James Ramsay, a quien también se busca por el asesinato de su esposa, Laura Weisz, por lo que es detenido en el acto.
California, 2006. David Kessler y Rebeca Dawnson viven su historia de amor en la bella localidad de Carmel, donde sueñan con restaurar una vieja mansión que cautivó a David desde su adolescencia. Pero un día Rebeca recibe una amenaza que confirma que no ha podido escapar de su pasado. Cuando era camarera en Las Vegas, un desconocido le propuso un irresistible trato que le daba la posibilidad de dar un giro a su vida durante un año. La única condición consistía en no permanecer más de un mes en el mismo lugar. Pero en París conoció a David y rompió la primera regla. Algo que su siniestro mecenas no le ha perdonado y que pone a la pareja en grave peligro.


La novela está llena de giros inesperados, y es increíble la forma en la que hilvana y entrelaza todos los acontecimientos que van teniendo lugar ,todos los personajes que van apareciendo y cómo es capaz de encontrar la manera de explicar e integrar los hechos que parecían más inexplicables. Prepárese el lector, para ir quedándose boquiabierto una y otra vez, porque Raquel Rodrein se ha propuesto dejarnos atónitos, no una, sino unas cuantas veces, y creedme cuando os digo que lo consigue de pleno.
Un peligroso juego, unos jugadores que ya no quieren seguir jugando y que no saben cómo dejar la "partida", un creador del juego demasiado poderoso e insultantemente rico; asesinatos, secretos del pasado, un misterioso manuscrito, venganzas, odio y amor; unos ingredientes de lo más apetecibles para aquellos que disfrutamos de las novelas cargadas de intriga, de acción y de giros inesperados de principio a fin.

Fuente: loslibrosyyo

Max Estrella comenzará leyendo "El ultimo adiós " de Kate Morton

A Kate Morton le gustan los secretos. Ellos son la materia prima con los que ha construido una meteórica y exitosa trayectoria literaria, lo que traducido en cifras significa diez millones de ejemplares vendidos en 38 países, millón y medio en España. El 19 de noviembre de 2015 llegó a las librerías españolas El último adiós, el culmen de sus cuatro novelas anteriores: El jardín olvidado (Plaza y Janés), La casa de Riverton, Las horas distantes y El cumpleaños secreto. 
En El último adiós también hay secretos familiares, y una estrecha relación entre el ayer y el hoy. La escritora australiana pinta en su quinta novela, con un estilo gótico contemporáneo, una historia que combina romance y misterio orquestada por personajes pintorescos. El otro ingrediente de su fórmula de éxito es Inglaterra. Siempre Inglaterra. Una pasión que la novelista arrastra desde su infancia, marcada por la obra de los mejores escritores del país anglosajón, como Dickens, las hermanas Brönte o Jane Austen.
Una fatídica noche de 1933 un niño desaparece sin dejar rastro en el transcurso de una elegante fiesta en una casa de campo de la campiña inglesa. Setenta años más tarde, una inspectora de policía londinense se topa por casualidad con una mansión abandonada que llama poderosamente su atención y que le hace tener una intuición: algo terrible ocurrió allí.
El boca a boca convirtió en superventas a esta australiana de 41 años. Las historias de Morton discurren en diferentes décadas del siglo XX y están protagonizadas siempre por mujeres, pero han conseguido atrapar a un público heterogéneo.
Su primera novela, La casa de Riverton, se convirtió en un fenómeno editorial que alcanzó el número uno en muchos de los países donde se publicó y los dos millones de ejemplares vendidos. La siguiente obra, El jardín olvidado, duplicó las ventas. Su tercera y cuarta novela, Las horas distantes y El cumpleaños secreto se convirtieron igualmente en best sellers.

Fuente: www.elpais.com 17/11/2015

Bienvenidos al curso 2016/2017

Bienvenidos al curso 2016/2017.

Este año, como novedad, compartiremos el blog con otro grupo de lectura, el club de lectura del miércoles a las 9:30h.
En este nuevo periodo que comenzamos, cada grupo de lectura recibe un nombre de uno de los personajes de la obra "Luces de Bohemia" de Valle Inclán, léida el curso anterior por los clubes de lectura municipales. Es por ello que este blog será utilizado por el club "Maz Estrella" del jueves y por el club "Zaratustra" del miércoles.


Deseando comenzar el curso y que esta nueva experiencia sea aun más enriquecedora , os saluda vuestra monitoria,Isabel Luque.